Aunque el Gobierno Regional de Piura cerró el 2025 anunciando la ejecución de su presupuesto al 100 %, la realidad que viven miles de familias en la región demuestra que ese gasto no se ha traducido en mejoras reales y sostenidas en los servicios básicos. La brecha entre lo que se invierte y lo que finalmente recibe la población sigue siendo amplia, lo que evidencia serios problemas de planificación, priorización y calidad del gasto público.
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Uno de los principales indicadores que revela esta contradicción es el Índice Regional de Eficiencia en la Inversión Pública (IREI), que ubica a Piura en el quinto lugar entre las 25 regiones del país. Si bien esta posición parece positiva, también muestra que la región no está entre las más eficientes en convertir el dinero en resultados. En términos simples: se gasta mucho, pero no siempre se gasta bien. Además, según información difundida por el diario El Comercio, parte del presupuesto asignado inicialmente fue devuelto para evitar saldos contables, una práctica que permite mejorar el porcentaje de ejecución, pero no garantiza mejores obras ni servicios.
Inversión que hogares no sienten
Las consecuencias de esta deficiente calidad de inversión se sienten con fuerza en los hogares piuranos. Apenas el 32,5 % de la población cuenta al mismo tiempo con agua potable, saneamiento, electricidad, telefonía móvil e internet. El caso del agua es especialmente crítico: solo el 15,7 % de los ciudadanos tiene acceso al servicio las 24 horas del día, una cifra dramáticamente baja frente al promedio nacional de 88,4 %. Esto significa que, pese a los millones gastados, la mayoría de familias sigue viviendo con un suministro irregular y de mala calidad.
En el sector salud la situación no es mejor. Casi la mitad de los establecimientos de Piura atiende apenas 12 horas al día y la región solo dispone de 6,77 médicos por cada 10 mil habitantes, lo que resulta insuficiente para cubrir las necesidades de una población que supera el millón y medio de personas. Esta carencia se traduce en largas colas, atención tardía y dificultades para recibir tratamientos oportunos, sobre todo en zonas rurales y urbano-marginales.
Especialista opina
Para el economista Germán Vega, de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), el problema no es solo cuánto se gasta, sino cómo se gasta. “Ejecutar gran parte del presupuesto indica que los recursos no quedaron sin usar, pero eso no garantiza que los proyectos tengan el impacto esperado. Para que el gasto sea realmente efectivo, los proyectos deben estar bien planificados, ejecutarse a tiempo y responder a las verdaderas necesidades de la población”, explicó.
“Mejorar la cobertura de servicios básicos, garantizar su continuidad y responder a las necesidades reales de la población son pasos indispensables para que la inversión tenga un impacto duradero. La efectividad de la gestión no se mide solo por cifras, sino por la mejora concreta en la vida de los ciudadanos y la confianza que puedan tener en las autoridades locales”, concluyó Vega.
Un análisis de la Universidad del Pacífico coincide en que la inversión pública solo genera desarrollo humano cuando es eficiente, transparente y está libre de interferencias políticas y corrupción. De lo contrario, los recursos se diluyen en obras poco útiles o inconclusas que no mejoran la calidad de vida de la gente.
El cierre del 2025 deja una advertencia clara para Piura: cumplir con gastar el presupuesto ya no es suficiente. El verdadero desafío está en lograr que cada sol invertido se traduzca en agua potable permanente, centros de salud bien equipados, servicios básicos continuos y obras que realmente cambien la vida de la población. Mientras eso no ocurra, los buenos números en el papel seguirán contrastando con una dura realidad en las calles y hogares de la región.



