En Piura, ir al colegio no siempre significa tener un aula segura, agua para lavarse las manos o luz para estudiar. De los 3,321 colegios públicos que existen en la región, solo el 27% cuenta con los tres servicios básicos completos: agua, desagüe y energía eléctrica, según el Ministerio de Educación (Minedu). En términos simples, siete de cada diez escuelas funcionan con carencias graves, lo que obliga a miles de niños y adolescentes a aprender en condiciones que no garantizan ni salud ni calidad educativa.
La falta de estos servicios no es un problema menor. Sin agua potable, no hay condiciones mínimas de higiene; sin desagüe, aumentan los riesgos de enfermedades; y sin electricidad, se limita el uso de tecnología y hasta la iluminación en las aulas. “Estas carencias afectan directamente la experiencia educativa. Con el tiempo, se traducen en dificultades para aprender y en menos oportunidades para los estudiantes”, explicó Franco Saito, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
Colegios en riesgo de colapso
Pero la situación va más allá. No solo faltan servicios básicos, sino que muchos colegios están literalmente en peligro. Un total de 1,341 instituciones educativas —el 40%— está en riesgo de colapso y necesita ser demolido para ser reconstruido. Es decir, casi la mitad de los colegios podría venirse abajo ante un sismo o lluvias intensas, un escenario especialmente crítico en Piura, donde las precipitaciones fuertes son frecuentes.
Las consecuencias de esta precariedad ya se han visto. En 2025, la institución educativa inicial 890 de Marmas Alto, en Ayabaca, quedó inutilizable tras las lluvias. Los estudiantes no dejaron de estudiar, pero tuvieron que hacerlo en aulas improvisadas de triplay sostenidas por palos, e incluso en la capilla de un cementerio, una imagen que refleja la fragilidad del sistema educativo en zonas vulnerables.
Efectos
Estudiar en estas condiciones tiene efectos concretos. Los alumnos enfrentan interrupciones constantes, dificultades para concentrarse y mayores probabilidades de faltar a clases. Esto impacta directamente en su rendimiento. No es casualidad que, al 2024, solo 2 de cada 10 estudiantes de cuarto de primaria en Piura hayan alcanzado un nivel satisfactorio en matemática, y apenas 3 de cada 10 en comprensión lectora.
El problema también alcanza a los docentes. Trabajar en ambientes deteriorados y sin recursos reduce la motivación y limita la calidad de enseñanza. Según especialistas, cuando no se invierte a tiempo en mejorar la infraestructura, los costos a futuro son mayores y el desarrollo de la región se frena.
Frente a este panorama, la demanda es clara: colegios seguros, con servicios básicos y condiciones dignas. “Garantizar una educación adecuada es responsabilidad de las autoridades. Invertir en infraestructura no es un gasto, es una apuesta por el futuro del país”, concluyó Saito. En Piura, esa apuesta aún está pendiente, mientras miles de estudiantes siguen aprendiendo en medio de carencias que no deberían existir.



