El ingeniero Eduardo Espinoza Tamariz, responsable de la planta de cacao de la Cooperativa Norandino, ha posicionado al grano piurano en la cima del mercado de lujo tras obtener la medalla de plata en el prestigioso Cacao of Excellence Awards en Ámsterdam. Con una herencia familiar profundamente ligada al campo, Espinoza ha dedicado los últimos 15 años al rescate genético del Cacao Blanco de Piura desde su propia finca en La Quemazón.
En una entrevista exclusiva para Reporteros 365, el especialista detalló cómo esta década y media de investigación permitió estandarizar una variedad de semillas 100% blancas. Este esfuerzo no solo destaca por su alta productividad, sino por un perfil sensorial único que hoy coloca a Piura en la vitrina de los cacaos más finos del mundo, transformando una tradición ancestral en un estándar de excelencia global.
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¿Cómo fue ese paso de la tradición familiar a la profesionalización del cacao en la región?
Mi conexión es vital; mi padre ya cultivaba cacao en los años 30. Sin embargo, el salto profesional se dio con un proyecto de cooperación francesa en lo que hoy es Norandino. Mi tarea fue armar la cadena de valor. Tuvimos que cambiar el paradigma: pasar de un sistema tradicional donde el cacao no se fermentaba y se vendía a intermediarios para manteca o polvo, a un sistema de fermentación técnica en cajas de madera. Es en ese proceso de cinco a siete días donde realmente nacen los aromas que luego se disfrutan en un chocolate de alta calidad.
¿Qué hace que el cacao de Piura sea tan especial frente a los otros 16 grupos genéticos que existen en el Perú?
Lo primero es su color. Mientras el 98% de los cacaos del mundo son de almendra violeta, el nuestro tiene semillas blancas. Pero no es solo estética; sensorialmente es superior. Hemos trabajado desde 2008 recuperando plantas que no solo fueran blancas, sino altamente productivas. Tras 15 años de investigación en mi finca, hoy tenemos cinco materiales seleccionados que son 100% blancos y con una calidad excepcional. Eso es lo que evaluó el jurado en Ámsterdam: la pureza y el sabor de origen.
¿Cómo fue el camino para obtener la medalla de plata en el Cacao of Excellence Award?
Fue camino riguroso que inició en 2009 con la selección genética en mi finca de 2 hectáreas, identificando plantas con semillas 100% blancas y alta productividad. De ese material provino la muestra que representó a la Cooperativa Norandino.
La competencia formal comenzó en 2023: ganamos el Concurso Regional en Piura y luego el Concurso Nacional en el Salón del Cacao y Chocolate en Lima. Esto nos permitió llegar a la fase internacional en Ámsterdam, donde la semana pasada un jurado de expertos mundiales evaluó las muestras de Sudamérica y nos otorgó la medalla de plata por nuestra excelencia sensorial.
El modelo de la Cooperativa Norandino parece ser clave en este éxito. ¿Cómo beneficia esto al pequeño productor piurano?
Es fundamental. En Piura somos cerca de 400 productores organizados, la mayoría con parcelas pequeñas. Como se requieren volúmenes grandes para una fermentación óptima, implementamos centros de beneficio centralizados en las comunidades. El productor entrega su cacao recién cosechado y la cooperativa se encarga del proceso técnico, la certificación orgánica y la exportación. Esto nos permite salir del mercado de «volumen» (donde el precio lo pone la bolsa) y entrar al mercado de cacaos finos de aroma, donde se paga un premio por la calidad y la biodiversidad.
¿Por qué insiste en que el chocolate no es una golosina, sino un superalimento?
Debemos cambiar el paradigma. Lo que abunda en el mercado son productos con grasas saturadas y poco cacao real. El verdadero chocolate es un superalimento llamado Theobroma («alimento de los dioses»). Tenemos evidencia de su consumo en nuestra región desde hace 5,000 años. El mensaje para el piurano es que revalore su genética: tenemos un cacao blanco único, sostenible y sin químicos, que es pieza clave de nuestra nutrición y economía.
Este reconocimiento internacional es el fruto de años de investigación rescatando la pureza del cacao blanco, simbolizando que el esfuerzo del pequeño productor por preservar la calidad genética tiene un valor real ante el mundo. Más allá de la medalla, este logro posiciona definitivamente al cacao de Piura en el segmento más alto de los cacaos finos de aroma, premiando la excelencia del sabor, el respeto por el origen y la fuerza del trabajo asociativo.



