InicioActualidadLa Pedregaleña: tres décadas custodiando la sazón ancestral de Piura

La Pedregaleña: tres décadas custodiando la sazón ancestral de Piura

Nelly Santos, fundadora de la reconocida picantería piurana relata su historia de resiliencia: desde sus inicios repartiendo piqueos con la chicha, hasta reinventarse tras la salida del río y la pandemia

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En las vibrantes calles de Piura, la tradición gastronómica se mantiene viva gracias al esfuerzo y la dedicación de emprendedoras como Nelly Santos Vílchez, cariñosamente conocida como «La Pedregaleña». Desde un humilde chicherío en una zona de invasión hasta consolidarse como una de las picanterías más reconocidas, su historia es un testimonio de perseverancia. Con casi 30 años de trayectoria, Nelly ha logrado que su local, ubicado en Lucas Cutivalú en Catacaos, sea un punto de encuentro para quienes buscan la auténtica sazón piurana.

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La picantería «La Pedregaleña» no solo es un negocio, sino un guardián de la cultura culinaria del norte. Desde el emblemático majadito de yuca y el seco de chavelo, hasta el tradicional arroz con cabrito de los domingos, Nelly Santos ha sabido mantener viva la esencia de las picanterías: un espacio donde la chicha de jora y el piqueo criollo son protagonistas. En esta entrevista, Nelly nos revela cómo sorteó desastres naturales y pandemias, y el valor incalculable de preservar este tipo de negocios ancestrales.

Nelly, ¿cómo comenzó este emprendimiento gastronómico y por qué el nombre «La Pedregaleña»?

 Yo empecé muy joven, a los 22 años. Yo vivía en Pedregal Grande, y cuando acá fue la invasión, vine a conseguir un terreno. Al principio era una chocita. Los clientes me conocían de Pedregal, y ellos mismos me llamaron La Pedregaleña. Inicialmente, fui un chicherío, y cada jarra o balde de chicha que me gastaban venía con un cariñito: un cebichito, un sudadito o un almuerzo. Poco a poco fui evolucionando, empecé a vender comida formalmente, como ceviche y sudado, y ahora, después de casi 30 años, ya es una picantería.

 ¿Cuáles son las especialidades y los platos más vendidos que un cliente debe probar en La Pedregaleña?

 Los platos más vendidos son el ceviche de caballa y, en cuanto a almuerzos, el arroz con cabrito. Los domingos preparamos también arroz con pato, pescado frito, y cabrito. Además, ofrecemos una gran variedad de piqueos típicos del norte, como ceviche de cabrión, cachemas encebolladas, el seco de chavelo, y el majadito de yuca. También el atamalado con sudado de cabrillón, que no debe faltar.

¿Qué es lo que, según su experiencia, caracteriza y distingue a la comida de las picanterías piuranas del resto de la gastronomía del norte?

Nos distinguimos por la sazón, especialmente en la preparación del sudado y los piqueos. La gente ya viene a veces solo por esa sazón que preparamos. Los clientes vienen solitos, así sea sin «jaladores» porque ya conocen la tradición de La Pedregaleña. Nosotros ofrecemos la chicha de jora, el clarito, el sudado, el ceviche, las cachemas asadas y platos de tradición como el arroz con mondonguito o el arroz con tollo los lunes.

 Como emprendedora con casi 30 años de trayectoria, ¿cuál ha sido el mayor reto o la dificultad más dura que ha tenido que afrontar en el negocio?

El momento más difícil para la picantería fue cuando el río Piura se salió, y luego vino la pandemia. La salida del río nos perjudicó mucho, perdimos todo lo que teníamos invertido. Con la pandemia, tuve que cerrar por nueve meses. Gracias a un empréstito que nos dieron, como Activa Perú, pudimos reingresar y volver a invertir para seguir adelante con el negocio.

 ¿Cuál es el valor cultural que usted cree que tienen las picanterías para la historia y la identidad de Piura, y qué consejo le daría a quienes quieren emprender en este rubro?

 Las picanterías son importantes porque mantienen la tradición y la cultura. Es distinto a un restaurante: aquí se come la comida de nuestra tierra, acompañada de chicha de jora. A quienes quieren emprender, les aconsejaría que sigan con la tradición, aunque el negocio tenga días buenos y días malos. Lo importante es que sigan adelante para que sigan creciendo poco a poco, y sean conocidos por mantener viva la tradición de las picanterías.

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